Línea Cádiz - Sevilla
El camino entre Cádiz y San Fernando tuvo su origen en los "arrecifes" que los romanos llamaron "Vía Augusta". El maremoto de 1755 lo arrasó y obligó a su reparación e incluso modificar el recorrido.
El nuevo camino era adecuado para el tránsito de carruajes pero entre Torregorda y Cádiz era estrecho y resultaba afectado por el oleaje en las grandes mareas y temporales. Alcalá Galiano escribía en 1820: "...Al atravesar el arrecife que va de la isla de León a Cádiz, era uso de los carruajes, cuando estaba baja la marea, dejar el piso duro de la carretera por el blando de la playa, por el cual iban pegados al límite del agua, atravesando con frecuencia las olas por debajo de las ruedas…”.
Todavía es posible encontrar vestigios de la plataforma ferroviaria entre Torregorda y La Gallega junto al sendero Eurovelo con abundantes restos de balastro.
En 1844 el ingeniero de caminos José Surbecase había redactado el informe del proyecto de ferrocarril de Madrid a Cádiz. El gobierno, presidido por Narváez, no encontró marco jurídico para adjudicar la concesión pues era la primera de tal envergadura que se solicitaba en España. El coste estimado era de 135 millones de francos. El informe de Surbecase sirvió para elaborar una normativa que permitió nuevas concesiones por toda España, entre ellas la que terminó uniendo Madrid con Cádiz a través de varias concesiones.
En el anuncio de las postas entre Madrid y La Isla de León sorprende para nuestra mentalidad actual que la duración del viaje oscilara entre los cuatro y cinco días.
Esta línea tuvo como primer concesionario en 1846 a Carlos Drake y Núñez del Castillo, Conde de Vegamar, pero no fue desarrollada.
La unión de Madrid con Cádiz comenzó en 1852. Obtuvo la concesión Luis Díez Fernández de la Somera, hijo de José Luis Díez Imbrechst, para el tramo de Jerez a El Puerto de Santa Maria y Cádiz. Fue construido y puesto en funcionamiento en diversos tramos por lo que pasaron varios años hasta su llegada a la bahía.